Novena do inverno. Rabiño 26 VIII

 Lembranzas de cando se quedaban as familias a comer polo san Benito do Rabiño

Completa recuerdos Carmen R. al comentar cómo tantos devotos llegaban al Rabiño y se quedaban, pues traían la comida. Algunos llegaban el día anterior y podían pernoctar. Aunque al final se aprovechaba cualquier lugar disponible de las cercanías, señalan los mayores que lo que hoy son unas ruinas de casa al lado del templo, de aquellas era una casa con un precioso patio, que estos días de fiesta se convertía en taberna y lugar de encuentro para comer a gusto. Y no era el único. E tamén debaixo das viñas que había ó lado da funeraria. A funeraria que había subindo da fonte á dereita, que era unha casa que era da familia da tía Fina. E aí había unhas parras que eran do señor Viso vello e tamén se puñan alí debaixo.


A tríada do propio deste día de novena

Día 8.º -- CONSIDERACIÓN
DE LA MUERTE


Conocido es el dicho del Filósofo gentil acerca de la muerte, que según él es, de las cosas terribles, la más terrible. Y en efecto, aún naturalmente considerada, como lo hacía el aludido filósofo, ha de ser horrorosa la separación de dos sustancias, aunque diferentes en naturaleza, tan íntimamente unidas, como sucede entre el alma y el cuerpo; horrorosa, la casi aniquilación de éste, una vez separado del alma. Pero hay más: la fe dice al cristiano que, en aquel instante, sin tregua ni apelación, va a ser discutida su vida toda, por aquel Dios que lee claramente, en lo más íntimo del corazón humano; va a decidirse su eterna suerte, de cuya felicidad o desgracia nadie puede asegurarse, de ahí, que almas de heroica santidad, han sentido estremecerse en presencia de la muerte. Mas, pon la vista cristiano, un momento en Benito agonizante, y verás como la muerte no tiene para él terrible ceño. Y no solo no la rehuye sino que le prepara como un cariñoso recibimiento. Seis días antes manda abrirse el sepulcro; y el día para él felicísimo de la partida, se traslada a la iglesia. Y ¿para qué a la iglesia? Para hospedar por vez última al Esposo sacramentado y morir ante su altar santo. La muerte se dispone a herir aquella preciosa existencia, porque Benito como hijo de Adán ha de pagar la deuda común; pero al mismo tiempo parece querer ahorrarle la humillación que al morir acompaña al hombre. Porque no muere Benito postrado en el lecho, sino de pie y en el lugar sagrado; no desvanecido en los sentidos y potencias, antes bien conversando con Dios por medio de la oración. 



Práctica. — Envidias cristiano, semejante muerte y sería por ventura temerario en ti, prometértela tan feliz. Con todo, no desesperes de tenerla también dichosa. Llora tus extravíos, imita en lo que puedas a San Benito y confía morir en el ósculo del Señor.

Ejemplo. --- Muerte desastrada

Cierto es lo que dice el Espíritu Santo, o sea, "que la muerte de los justos, es preciosa a sus divinos ojos". Por el contrario, es desastrada en su presencia la muerte de los pecadores. San Benito vio el alma de su hermana Escolástica subir al cielo en figura de blanca paloma; y la de su amigo el Obispo de Capua San Germán, vio como la llevaban al paraíso multitud de ángeles en un globo de hermosísima luz. En cambio, cuan desastrada fue la muerte de Florencio, enemigo mortal del Santo. Era Florencio hombre de posición e influyente en la comarca de Sublago, cuando allí vivía San Benito. La fama de éste se iba extendiendo a lo lejos, y era grande la concurrencia de gentes que acudían a su monasterio. A muchos les llevaba allí el deseo de profesar la vida religiosa bajo su dirección; a todos el admirar aquel prodigio de santidad, y el aprovecharse de su doctrina. El demonio encendió en el pecho de Florencio, vehementísima envidia, que le condujo a los mayores excesos contra el Santo. ¿Qué no puso en juego este malvado agente de Satanás para perderlo? La calumniosa detracción para apartar de Benito a las gentes; el veneno, para acabar con una existencia que le era insoportable, pero que el Señor guardaba con especial providencia. ¿Qué más? Viendo que nada podía contra el padre y maestro el perverso Florencio, apela desvergonzadamente a la seducción y corrupción de los tiernos discípulos de Benito. Juzgó prudente el Santo ceder el campo a la envidia de su enemigo, mudando de domicilio, y entonces trocó su amado Sublago por el desconocido Monte Casino. Creía Florencio haber triunfado de Benito, y celebraba la marcha del Santo con los cómplices de su maldad, en una galería de su casa. Mas, el Señor había escogido ese mismo instante para ejecutar en Florencio, un terrible escarmiento. De repente, sin el menor presentimiento de la catástrofe y permaneciendo intacto lo restante del edificio, con grande fragor, viénese abajo la funesta galería, envolviendo y matando al desventurado Florencio y demás compañeros de su maldad; siendo sus muertes horribles en la presencia del Señor.

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